Fármacos para adelgazar
La utilización de fármacos para contrarrestar la obesidad puede ser útil, pero sólo si se combina con un programa de ejercicios, control médico y nuevos hábitos alimentarios.
Hace algunos años se utilizaban las anfetaminas como fármacos para ayudar a los que querían adelgazar. Estos fármacos actúan directamente sobre el sistema nervioso central suprimiendo el apetito y produciendo una suerte de «euforia» que contrarresta las posibles depresiones que con frecuencia se asocian a la depresión y la deprívación de comida. Muchas personas, por tanto, se hicieron adictas a las anfetaminas, por lo que su uso en la actualidad está restringido a casos muy especiales.
Los fármacos que se utilizan ahora para suprimir el apetito son estructuralmente similares a las anfetaminas y tienen también muchos de sus inconvenientes. Dificultan el sueño, causan depresiones cuando se dejan de tomar o crean tolerancia farmacológica. En la actualidad, los médicos prescriben supresores del apetito únicamente durante cortos períodos y solamente para ayudar a las personas a superar el hambre y la falta de voluntad en los primeros días de dieta.
MEDIDAS EXTREMAS
A algunas personas obesas, las dificultades para adelgazar les llevan a tomar medidas extremas que en ocasiones pueden resultar peligrosas para su salud. Algunos de estos tratamientos han explotado las ansiedades y esperanzas de muchas de estas personas obesas. En otros casos, han sido considerados como el último recurso por personas patológicamente obesas (el doble de su peso ideal o 50 kilos por encima de su peso ideal) que ya han intentado adelgazar sin éxito por otros medios.

